Madagascar: bosques tropicales entre los que flota el aroma a vainilla natural; el verano como estación perpetua; hogar de las especies de primates más antiguas del planeta; playas de agua cristalina en las que descansar mientras disfrutas de uno de los rones más curiosos de la bodega mundial. Vamos de viaje a Madagascar, la isla de los perfumes la vainilla y el ron.

Una de las experiencias viajeras más exóticas y desconocidas para Occidente. Madagascar enseña al viajero retazos de selva, una cultura popular y mestiza y vestigios de la arquitectura colonial francesa.

Antananarivo

Llegamos desde el aeropuerto Rosalía de Castro Lavacolla hasta Antananarivo, la capital de Madagascar. La república malgache está relativamente poco poblada pero en su capital viven más de un millón de habitantes. Antananarivo es una ciudad con un urbanismo anárquico, aunque es poco ruidosa. La capital se levanta sobre colinas; sus calles serpentean entre pendientes a través de apiñadas casas bajas de ladrillo.

Se puede visitar la ciudad alta, la zona de la Plaza de la Independencia -donde se desplegaba el zoma, gran mercado ahora prohibido-, el mercado de las flores, el de los libros -con revistas francesas de los años cincuenta y sesenta- y el zoo y parque botánico de Tsimbazaza.

Parque Nacional Andasibe

Tras Antananarivo, nos dirigimos hacia el tesoro malgache: sus reservas naturales. De camino al primer gran parque natural de la isla, podemos visitar Moramanga y su mercado tradicional.

Andasibe es una muestra de la apabullante vida natural que permanece en Madagascar. La isla es el hogar de 200.000 especies vivas (8.000 de ellas endémicas) y la cuarta parte de las especies de flora de toda África. La biodiversidad de esta isla del tamaño de la Península ibérica es casi infinita. Encontraremos algunas de las especies animales y vegetales más antiguas del planeta. El origen de esta diversidad se remonta a la división de Pangea; muchas de las especies más antiguas encontraron un santuario aislado de los cambios que sucedían en el continente.

Andasibe es el hogar de la especie de lemur más grande del planeta, el famoso Indri-Indri. El nombre indri procede del malgache y significa en realidad “¡Mira ahí!”. El guía nativo avisó así a Pierre Sonnerat, el explorador francés que lo acompañaba, cuando se descubrió esta especie. Los malgaches llamaban a este primate babakoto, que significa “abuelo”. Los malgaches creen que este primate de largas piernas, voz característica y cola corta dio lugar a los primeros humanos en tiempos remotos.

Tierras altas malgaches

Después de recorrer el parque natural de Andasibe y ver una variedad de especies sin igual, nos dirigimos hasta otros núcleos de población malgache. La primera parada, Behenjy. Esta pequeña localidad tiene su propia página en las guías de los gourmets del mundo gracias a su producto estrella: el foie gras. Un plato heredado de la colonización francesa ádaptado a la variedad de sabores y texturas únicas de Madagascar. Podemos degustarlo frío, caliente, solo o acompañado en algunos de los restaurantes especializados, como el Au Coin de Foie Gras. Locales humildes en los que el producto y la esencia, por encima de la apariencia, son la piedra fundamental.

Antsirabe

Seguimos nuestro viaje hasta Antsirabe. Es la quinta ciudad de la isla por población. Situada 170 kms al sur de Antananarivo, mantiene el perfil colonial francés que vimos en Behanjy. Los malgaches más acaudalados la escogieron como lugar de segunda residencia por sus aguas ricas en cloruro de sodio.

Al contrario que en Antananarivo, el urbanismo de Antsirabe se corresponde al de una urbe europea del siglo XIX; espaciosas avenidas jalonadas de árboles , ambiente tranquilo y arquitectura colonial en buen estado de restauración. Algunos de los lugares interesantes son el mercado de Atsena Kely, así como la catedral católica y el edificio del Hotel de Thermes.

La región de Antsirabe es conocida porque gran parte de los productos agrícolas que nutren al país se cultivan cerca de esta ciudad. A pocos kilómetros se hallan los agradables lagos de Andrakiba y Tritriva, así como la población de la etnia Vakinankaratra (subgrupo de los merina) de Betafo, donde los sábados se organiza un animado mercado de cebúes.

Parque Nacional de Ranomafana

Proseguimos hacia el Parque Nacional de Ranomafana, al sur de la isla. Esta reserva de 40.000 hectáreas es el hogar de dos especies poco corrientes de lémures: el lémur mayor de bambú y el lémur dorado de bambú. En realidad, podemos ver hasta doce especies de lémures, veintinueve especies de mamíferos, un centenar de especies de pájaros, sesenta y dos especies de reptiles, noventa especies de mariposas y trescientas cincuenta especies de arañas.

Los parques nacionales malgaches tienen una importancia vital para la biodiversidad planetaria. El 90% de la supercie forestal de la isla ya fue talada, así que tanto Andasibe como Ranomafana son el hogar de especies únicas.

En un ruta de senderismo a través del parque, podemos ver sifakas de Milne-Edwards, los curiosos (y a veces atrevidos) lémures pardos de frente roja. También vemos una especie endémica, el camaleón de hoja marrón, con sus dos cuernos en la cabeza o variedades propias de escarabajos.

Al acabar, se puede descansar en Fianarantsoa, un enclave cultural del país. De hecho, esta voz significa “buena educación” en malgache. Un paseo por su ciudad vieja nos enseña las más antiguas catedrales protestantes y luteranas de la isla. Además, nuestro aparatado gastronómico tiene otra parada en Fianarantsoa: es la capital del vino de Madagascar.

Parque Nacional de Isalo y Zombitse

Situadas en el sur de Madagascar, además de ser un lugar único por su biodiversidad y paleodiversidad, en estos parques también se conserva el legado histórico y el patrimonio de los malgaches. Visitaremos las conocidas tumbas Mafahaly.

La tribu Mahafaly es una de las diecisiete que componen el pueblo malgache. Están asentados en la extensa planicie calcárea que bordea la costa suroeste, entre los ríos Menarandra y Onilahy. Es una llanura seca en la que la vegetación autóctona se ha adaptado a vivir con la mínima hidratación.

La actividad principal de los pueblo Mahafaly es el pastoreo. Viven agrupados en viven en pequeños núcleos y complementan su alimentación con el cultivo de maíz, mandioca, tubérculos silvestres e higos chumbos.

El arte funerario Mahafaly se representa en los Aloalo encima de las tumbas. Los Aloalo son postes de madera esculpidos con motivos geométricos, de figuras o de escenas de vida. En otro tiempo, los Aloalo sólo representaban figuras de cebúes y su erección era el privilegio de algunos clanes. Encontramos otra manifestación del arte mahafaly en el cuidado capilar y los tatuajes, en la orfebrería y en la escultura en madera.

Playas piratas

Las playas de Madagascar tienen el poder de haber vivido mucho antes, muchas veces, en nuestros sueños. Vimos en ese atardecer, con un sol enorme, a un cíclope herido que nos persigue y chilla que nadie le ha cegado. Caminamos sobre esas orillas tan azules mientras la sal se condesaba en nuestros labioshacia la aventura.

Pero, lo mejor, es que esta vez es real. Bueno, y también es cierto que los piratas y corsarios navegaron por estas costas en el pasado.

Las playas de Ifaty también guardan hermosos paraísos naturales, como una barrera coralina que nos deja un espacio ideal para una mañana de snorkel. También podemos pasear por la ribera a bordo un barco o piragua de alquiler.

Reserva Natural de Reniala; aquí podemos disfrutar de la milenaria presencia del baobab, el primer árbol de la Creación. También hay tortugas o lemures en recuperación para volver a dejarlos en libertad cuando están en buen estado. El paisaje de bosque espinoso de la reserva es realmente impresionante.

Más información

La extensión de Madagascar es considerable pero este viaje de quince días puede dar buena cuenta de este paraíso antiguo. Más información aquí.